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por Elena Díaz Pérez 30 de agosto, 2021 Artículos técnicos comentarios Bookmark and Share
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La mayoría de las vacunas comercializadas son parenterales, y existen numerosas estrategias de formulación, cada vez más innovadoras, que buscan mejorar la inmunidad, la seguridad y la eficacia, así como reducir los costes y facilitar la producción. Destacan los adyuvantes de aluminio, adyuvantes en forma de emulsión y nanopartículas.

El mes de diciembre de 2019 surgió un nuevo virus respiratorio denominado SARS-CoV-2 de la familia de los coronavirus que cambió radicalmente el panorama social y científico, resaltando de forma repentina el papel fundamental que tienen las vacunas en la erradicación de las enfermedades infecciosas. Pero lo cierto es que la necesidad de las vacunas ha estado vigente desde la aparición de la primera vacuna de la viruela en el año 1796 hasta la actualidad, y ha quedado demostrado en muchas ocasiones que gracias a ellas podemos evitar numerosas muertes. Según la Real Farmacopea Española “Las vacunas para uso humano son preparaciones que contienen antígenos capaces de inducir una inmunidad activa y específica en el hombre, contra un agente infeccioso o contra la toxina o el antígeno elaborado por dicho agente” [1]. La mayoría de las vacunas se administran por vía parenteral, ya que presenta numerosas ventajas con respecto a otras vías. Las vacunas parenterales se administran únicamente por vía intradérmica, subcutánea e intramuscular [2], y son preparaciones inyectables que pueden presentarse en forma de suspensión, emulsión o disolución, pudiendo incluir un proceso de liofilización final en su fabricación.

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