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En un entorno marcado por las redes sociales, los influencers, el comercio electrónico y la inteligencia artificial generativa, la publicidad cosmética vive una transformación sin precedentes. Sin embargo, a medida que crecen las oportunidades creativas, también lo hacen las exigencias regulatorias, obligando a las marcas a equilibrar innovación, evidencia científica y cumplimiento normativo para mantener la confianza del consumidor.
Pocos sectores han demostrado una capacidad de innovación publicitaria tan notable como el cosmético. Redes sociales, comercio electrónico, creadores de contenido y herramientas de inteligencia artificial generativa han multiplicado las posibilidades creativas de las marcas: la publicidad cosmética ya no se limita al envase o a una campaña tradicional, sino que convive con influencers, vídeos cortos y estrategias omnicanal. Pero esa misma evolución ha incrementado la complejidad regulatoria.