por E. Suñer Olle y A. Alegre-Sánchez 20 de noviembre, 2020 Artículos técnicos comentarios Bookmark and Share
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La pandemia por el coronavirus SARS-COV2 ha supuesto un cambio radical en nuestros estilos de vida habituales. Estos cambios tienen una serie de repercusiones sobre nuestra piel de menor o mayor gravedad. En esta revisión analizaremos este tipo de manifestaciones y el papel de la cosmética para prevenirlas y combatirlas.  

Sin duda la pandemia por el coronavirus SARS-COV2 (enfermedad COVID-19) nos ha puesto a prueba a todos y ha supuesto un parón y un nuevo punto de partida en la acelerada vida que llevamos. Esta parada y este confinamiento ha tenido algunos aspectos positivos, sobre todo para nuestro planeta, pero también ha supuesto un cambio brusco en nuestros hábitos de vida con sus consecuencias correspondientes [1]. Algunos de estos cambios se reflejan en nuestra piel, que sufre, silenciosa, las secuelas de un largo confinamiento, el aumento del estrés y la incertidumbre y los nuevos estilos de vida. Las manifestaciones dermatológicas abarcan desde las más simples y transitorias, como las producidas por los equipos de protección (mascarillas, guantes, etc.); hasta las más complejas o prolongadas como las derivadas de esta “nueva normalidad” a la que hemos tenido que acostumbrarnos a la fuerza. Por suerte, en el caso de la piel, contamos con un amplio arsenal de principios activos cosméticos que podemos seleccionar y emplear para prevenir y combatir estas manifestaciones dermatológicas derivadas de la situación de pandemia que nos ha tocado vivir desde principios del año 2020 [2].

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