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En 2026, el informe STADA Health Report refleja un panorama sanitario europeo marcado por la convergencia de varios factores: unos sistemas de salud que continúan afrontando importantes retos, una población cada vez más implicada en el cuidado de su propia salud y la rápida incorporación de la inteligencia artificial a la atención sanitaria. Por primera vez, esta tecnología deja de ser una promesa de futuro para convertirse en una herramienta que los españoles y europeos ya utilizan cotidianamente en su día a día.
En toda Europa, la satisfacción con los sistemas sanitarios sigue estancada: solo el 56% de la población afirma estar satisfecha, una cifra muy similar al 58% registrado en 2025 y que confirma la estabilización observada en los últimos años tras el descenso experimentado después de la pandemia. Por encima de esta media, en España el 62% de los ciudadanos se declara satisfecho con el sistema sanitario público y 8 de cada 10 personas considera que el sistema sanitario español está por encima de la media europea.
Al preguntar por los principales retos sanitarios de sus países, el 67% de los europeos y el 78% de los españoles señala la escasez de profesionales sanitarios y las largas listas de espera que ello provoca. El acceso a una atención sanitaria accesible también preocupa a los ciudadanos en todo el continente: el 43% lo considera uno de los principales desafíos, junto con el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas (56%), así como el creciente número de personas con problemas de salud mental (53%). Si pudieran decidir como ministros de Sanidad, el 58% de los europeos y el 67% de los españoles priorizaría reducir los tiempos de espera mediante el incremento del número de profesionales sanitarios, mientras que el 49% mejoraría el acceso a la atención primaria.
Ante esta presión sobre los sistemas de salud, los ciudadanos están adoptando un papel mucho más activo en el cuidado de su bienestar. El 78% considera que dispone de los conocimientos y recursos necesarios para cuidar de su salud y el 94% recurre a la automedicación para tratar, al menos, algunos problemas leves. Además, el 85% utiliza una o varias herramientas, desde pulseras de actividad hasta dispositivos de medición domésticos, para controlar distintos aspectos de su estado de salud. En España, esta implicación también se refleja en que el 75% de los ciudadanos considera que tiene el control sobre su propia salud y el 34% destinaría una inversión adicional en salud a revisiones médicas y programas de prevención.
En línea con esta creciente concienciación y autonomía en el cuidado de la salud, la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana: el 55% de los europeos la utiliza actualmente en cuestiones relacionadas con su salud y el 82% está abierto a que desempeñe un papel en su atención sanitaria. Además, el 43% estaría dispuesto a permitir que la IA accediera a toda su historia clínica para mejorar el diagnóstico, la prevención o el tratamiento, y el 49% ya confía, o confiaría, en un diagnóstico realizado mediante inteligencia artificial.
La aceptación de la IA en el ámbito sanitario de España es aún mayor: el 59% de los ciudadanos ya la utiliza para cuestiones relacionadas con su salud y el 86% está abierto a que desempeñe un papel en la atención sanitaria. No obstante, la confianza sigue estando ligada al acompañamiento profesional: casi la mitad (47%) prefiere que cualquier recomendación generada por IA sea revisada y ajustada por un médico.
¿Los médicos y farmacéuticos corren el riesgo de perder relevancia a medida que aumenta la influencia de la inteligencia artificial? Los resultados del STADA Health Report 2026 apuntan justamente a lo contrario. No solo la mayoría de los europeos sigue considerando a su médico de atención primaria (77% de los europeos, 90% de los españoles) y a los farmacéuticos (57% de los europeos, 68% de los españoles) como su principal referencia para tomar decisiones relacionadas con la salud, sino que también establece límites claros sobre el papel que debe desempeñar la IA en la atención sanitaria.
La mayor aceptación se concentra en tareas administrativas y de seguimiento, como la gestión de citas y revisiones médicas (50%), la toma de notas durante las consultas o el seguimiento de enfermedades crónicas (36%). En definitiva, los europeos ven con buenos ojos que la IA actúe como una herramienta de apoyo, pero quieren que las decisiones sigan estando en manos de las personas. De hecho, el 38% expresa su preocupación por la posible reducción del contacto humano en un sistema sanitario impulsado por la IA, y el 35% teme que pueda deteriorarse la calidad de la comunicación con los profesionales sanitarios.
Los europeos no quieren que los profesionales sanitarios pierdan protagonismo a medida que avanza la inteligencia artificial; al contrario, esperan que asuman un papel aún más relevante. El 41% considera que deberían ofrecer más consultas digitales y a distancia; el 30% cree que serán todavía más importantes como referentes de confianza y contacto humano; y el 26% espera que actúen como asesores e intérpretes, ayudando a los pacientes a desenvolverse en un entorno con una cantidad cada vez mayor de información sobre salud. Solo el 20% considera que la importancia de los profesionales sanitarios disminuirá debido a la IA. En otras palabras, la inteligencia artificial está transformando su papel, pero ampliándolo en lugar de reducirlo. En España, la predisposición es incluso mayor: más de la mitad de los ciudadanos (51%) considera que deberían ampliarse las consultas digitales y a distancia, mientras que solo un 17% cree que la IA restará relevancia al papel de los profesionales sanitarios.