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Las Buenas Prácticas de Fabricación (BPF, GMP en inglés) no son normas ni directrices en el sentido en que lo son las ISO, sino Directivas europeas —como la 2003/94/CE— que se transpusieron al ordenamiento jurídico español mediante el Real Decreto 2183/2004. Su introducción y su conclusión son de cumplimiento obligatorio.
Su carácter de directiva deja un cierto margen de interpretación, que se va reduciendo progresivamente gracias a los resultados de las inspecciones, las desviaciones oficiales y la literatura técnica disponible. En EE UU, las cGMP (c = current) ayudan a acotar este margen de interpretación.