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La orden ejecutiva de la Administración Trump redefine el estatus federal del cannabis, modifica su marco de control y abre un nuevo escenario para la investigación clínica y la supervisión regulatoria.
La industria del cannabis en Estados Unidos encara un punto de inflexión histórico tras la decisión del presidente Donald Trump de ordenar la reclasificación del cannabis desde la Lista I —reservada a sustancias sin valor médico— a la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas. El cambio no supone una legalización total, pero sí transforma el entorno operativo del sector: elimina la penalización fiscal del artículo 280E, facilita el acceso a financiación, impulsa la investigación clínica y acelera la profesionalización de un mercado que emplea a cientos de miles de personas. Para expertos como Raúl del Pino, director de comunicación de Spannabis, la medida marca el paso “de un entorno punitivo a uno progresivamente normalizado”, con efectos que también alcanzarán a Europa.