16 de julio, 2026
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La inteligencia artificial (IA) está adquiriendo un papel cada vez más relevante en el ámbito de la salud pública y se perfila como una herramienta estratégica para reforzar las políticas de vacunación y mejorar la respuesta frente a enfermedades infecciosas como la gripe. Su capacidad para analizar grandes volúmenes de datos con rapidez y precisión permite acelerar el desarrollo de nuevas vacunas, anticipar brotes y planificar medidas preventivas más eficaces.

“La inteligencia artificial ya está ayudando al desarrollo de vacunas desde hace años”, explica el doctor Ignacio Salamanca, coordinador médico de la Unidad de Investigación del Grupo IHP, miembro del comité de expertos del Plan estratégico de vacunación de Andalucía (ANDAVAC) y vocal del Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Según el especialista, estas tecnologías permiten analizar secuencias genéticas de virus, bases de datos epidemiológicas e información inmunológica para identificar posibles dianas vacunales y priorizar candidatos con mayor probabilidad de éxito. Esta capacidad abre la puerta a procesos de investigación más ágiles y a una selección más precisa de formulaciones con potencial preventivo.

Hacia estrategias de vacunación más precisas

Uno de los ámbitos donde la IA puede aportar mayor valor es en el diseño de estrategias de vacunación adaptadas a las necesidades de distintos grupos de población. Aunque no implica desarrollar vacunas individualizadas, sí permite identificar mejor a quienes presentan mayor riesgo de complicaciones y ajustar las pautas preventivas a sus características.

Esta aproximación resulta especialmente relevante para colectivos vulnerables como prematuros, embarazadas, personas mayores o pacientes con enfermedades crónicas. “La IA puede ayudarnos a comprender mejor qué vacuna, qué pauta y en qué momento pueden ofrecer la mejor protección para cada grupo de población”, señala Salamanca.

Anticiparse a los brotes gripales

La detección temprana de brotes constituye otra de las aplicaciones con mayor potencial. La IA puede integrar datos procedentes de sistemas de vigilancia epidemiológica, consultas por síndrome gripal, ingresos hospitalarios, pruebas diagnósticas, circulación de virus respiratorios o incluso indicadores como el absentismo escolar para identificar señales de alerta antes de que se produzca un incremento significativo de casos.

“Anticiparse significa poder proteger mejor”, afirma el experto. La información temprana permite reforzar la vacunación, preparar circuitos asistenciales, ajustar recursos sanitarios y proteger a los colectivos más vulnerables antes de que el sistema sanitario se vea tensionado. Esta capacidad predictiva es especialmente relevante en Pediatría, donde cada temporada gripal se traduce en un aumento de consultas, urgencias y hospitalizaciones.

Mejor planificación y comunicación de campañas

Además de reforzar la vigilancia epidemiológica, la IA puede facilitar una planificación más eficiente de las campañas de vacunación frente a la gripe y otros virus respiratorios. El análisis de datos permite estimar el inicio de la temporada epidémica, identificar zonas con menor cobertura vacunal o detectar grupos con menor adherencia a las recomendaciones preventivas.

También abre nuevas posibilidades en comunicación sanitaria, favoreciendo mensajes más claros, comprensibles y adaptados a las características culturales, lingüísticas o sociales de cada colectivo. Puede ayudar a pasar de campañas generalistas a estrategias segmentadas orientadas a resolver dudas reales y mejorar la concienciación sobre la importancia de la vacunación.

Una herramienta complementaria al criterio científico

A pesar de su potencial, los especialistas coinciden en que la IA debe entenderse como una herramienta de apoyo y no como un sustituto del criterio científico, clínico o de salud pública. Entre los principales retos destacan la necesidad de contar con datos de calidad, proteger la privacidad, garantizar la seguridad de la información y evitar que estas tecnologías generen nuevas desigualdades en el acceso a la vacunación.

“La clave estará en combinar inteligencia artificial, vigilancia epidemiológica, investigación y experiencia clínica para fortalecer la confianza en la vacunación y mejorar la prevención de enfermedades infecciosas”, concluye Salamanca.

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